La AMA me ama
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Un artículo interesantes sobre tomar el autobús en USA
Un brazo que reclama su cuerpo
En la guagua le pillaron el brazo a una doña cuando se bajaba. La señora, al bajarse, se estaba aguantando de la baranda en la puerta. El chofer no lo vió por el espejito ese que usa y cerró la puerta. Mientras me subo se escucha como un zumbido de voces, hasta que una señora grita: “ay, cuidado, cuidado” y cuando miro hacia la puerta casi cerrada hay un brazo ahí, como pega’o en la puerta. Un brazo que reclama su cuerpo. No hubo heridos, la señora no se lo tomó mal, aunque el chofer lo tomó como un chiste…
Soundtrack para esperar la guagua de la AMA. “En tu ser un dulce canto gozarás, /que alegría cada día./Aunque penas y tristezas tu tendrás, /en tu ser un dulce canto cantarás.
(CORO) Cantico Celeste de noche tu tendrás,/ si en tu corazón surge la aflicción,/fácil es cantar cuando das la paz, /pero en el dolor es mejor cantar.
Ya la noche partirá con su pavor,/de tus pruebas ya no temas./Hoy trabaja canta y sirve a tu señor, /junto al sol alumbrará a tu corazón.”
http://www.youtube.com/watch?v=D1rB7QLWRjc
Decepción en la mirada de un hombre de sesenta años
Ella entraba algunas paradas después que él. Se sentaban juntos y charlaban, camino al trabajo. El tendría uno sesenta años, ella le seguía de cerca. En mi imaginario les pensaba como padres o abuelos que coincidieron en una guagua cualquiera. Quizá había cruzaron la soledad de sus vidas hasta este momento. No lo sé; yo les observaba y me sonreía por dentro, muy pícaramente. Todos los días ocurría: ella entraba y se sentaba junto a él. El sonreía. Así eran las mañanas, camino al trabajo. Por breves minutos compartían el asiento y las mañanas en la ruta 8.
Mas un día...
Un día ella entró y se sentó sola. El quedó atrás, en los asientos de la cocina.* No sé si fue una sorpresa para él o si quizá se esperaba el desencanto, pero cada mañana sus ojos grises la buscaban. Ocurrió por varios días. A veces el lograba coincidir con ella a la salida de la guagua. Se acercaba, sonreía pero ella no hacía caso. Algo había pasado. Cada mañana, camino al trabajo, yo veía cómo es hombre chocaba con un muro que repentinamente fue plantado frente a él. Nunca supe qué pasó, pero en esos días descubrí la decepción en la mirada de un hombre de sesenta años.
*Asientos en la parte de atrás de la guagua. En las guagua antiguas, me imagino, era la parte más caliente de la guagua por la cercanía al motor.



